23.11.07

Alargue su vida, es gratis.

Hace unos meses tuve la posibilidad de viajar a Temuco, linda ciudad; tal vez en algún momento escriba sobre mi experiencia por allá (que principalmente fue por trabajo y que me dejó de vuelta con 4 kilos más en menos de dos semanas), pero en este momento me detendré en este artículo aparecido en el Diario Austral que llamó bastante mi atención. Dicho artículo comenta sobre el libro "Haciendo Tiempo" de Steve Taylor, quien dice que el tiempo real depende de cómo lo experimentemos y pone como ejemplo el hecho de que en ocasiones el día de un niño, desde las 9 hasta las 15.30, es como un día de 20 horas para un adulto, explicándolo de la siguiente manera: "Los niños experimentan todo por primera vez, todas sus experiencias son nuevas. (...) Están increíblemente despiertos ante el mundo que los rodea y por eso el tiempo pasa más despacio para ellos".

Hasta aquí vamos bien, parece ser claro que el tiempo es percibido según cómo lo experimentemos; pero investigando más en la red sobre el tema encontré la siguiente frase del libro: "asegúrese de que su vida está repleta de todas las experiencias nuevas que sea posible. Si vive una vida rutinaria, el tiempo siempre se acelerará, pero si hace el esfuerzo de viajar a nuevos lugares, de exponerse a nuevas situaciones, a nuevos retos, el grado de novedad desacelerará el tiempo", a pesar de esto Taylor dice que la información que "estira el tiempo" es la recibida a través de nuestra percepción del mundo y no la que proviene de libros o internet.

Humildemente, creo que el científico se equivoca: cuando uno viaja a algún lugar agradable el tiempo nunca es suficiente; en cambio, cuando vamos a algún lugar inconfortable (o incluso en momentos de la rutina de nuestros propios días), el tiempo parece no pasar lo suficientemente rápido... Es extraño que Taylor hable sólo de la información que se recopila en las experiencias nuevas y no se mencione la diversión como un factor importante; pues como reza la frase: "El tiempo vuela cuando uno se divierte" y creo que eso es lo más relevante, de hecho dicen que el buen humor cura hasta las enfermedades. Además, en defensa de los libros, debo decir que he leído varios libros que han cambiado mi percepción del mundo y que han sido realmente experiencias nuevas... Curiosamente, al día siguiente de haber leído el artículo del Diario Austral, me encuentro con esta columna de Alberto Fuguet en la Revista de Libros de El Mercurio en donde dice lo siguiente de las personas que no leen: "¿Son tarados? No. Incultos, tampoco. Simplemente se están perdiendo algo y, lo que es un poco triste, la vida se les acorta" y remata con la siguiente frase: "cuando no tienes tiempo, la única manera de recuperarlo, de alargar el día, es justamente leyendo".

De todos modos sí estoy muy de acuerdo en la importancia de salir de la rutina y en ocasiones, poder lograrlo es más fácil de lo que uno cree. Basta con darse cuenta de que muchas veces pasamos por lugares a los que no les damos importancia y, aunque suene cliché, el ejercicio de "mirar la ciudad con los ojos de un turista" permite encontrarse sorpresas realizando pequeñas acciones como bajarse en estaciones del Metro sólo para observar el arte en ellas, mirar (y admirar) muchos edificios del centro de Santiago con sólo levantar la cabeza o ir a pasear al cerro San Cristóbal o al Santa Lucía (Sólo un dato para los paseantes incautos: El cerro Santa Lucía cierra la salida hacia calle Huérfanos entre las 14:00 y las 15:00 hrs.).

Si quiere extender su tiempo insista en ser una persona alegre. Escoja su método: Salga de la rutina, lea algo o simplemente ríase; pero alargue su vida.... es gratis.

24.6.07

Creer en crear

Después de lo que me pareció un largo período vuelvo a escribir, y es que la tarea de crear no siempre es fácil. Siempre me han causado admiración los procesos creativos y hay gente que parece tener una capacidad natural de creación en los más diversos ámbitos: escritura, música, cine, etc.; sin embargo, hay un factor más valioso, que es la convicción de poder crear. Thomas Alva Edison decía que "El genio es un 1% de inspiración y un 99% transpiración", y probablemente estaba muy cerca de tener la razón: Para crear hay que arriesgarse, "tener cojones", pues el talento es sólo potencialidad. Es por esto que muchas grandes creaciones surgen de los sentimientos más viscerales de sus autores, tanto de sus odios o depresiones más profundas como de sus alegrías más grandes, porque estos sentimientos pueden llegar a desbloquear los pudores de inventar algo que puede estar sujeto a la opinión de la gente.

Horacio Quiroga indica en su decálogo del perfecto cuentista: "Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón"; la frase no es menor si consideramos que Quiroga es, sin duda alguna, uno de los cuentistas más destacados en idioma español, y que su vida fue, por decir lo menos, desgraciada (su padre murió en un accidente de caza, su padrastro se suicidó, mató a un amigo accidentalmente mientras manipulaba una pistola, su mujer también se suicidó y él tomó la misma decisión a sus 58 años); aún así fue capaz de llevar "su arte" a cotas altísimas.

También tenemos a J.R.R. Tolkien, un autor que debido a su pasión por la filología (termino que proviene del griego y significaba "amor o interés hacia las palabras") fue capaz de realizar la creación de un pueblo entero: Diseñar una lengua con todas sus normas, que fue la base de su literatura fantástica.

Tal vez invocar a estos grandes escritores como ejemplo pueda ser desalentador; sin embargo, se trata de atreverse, "tirarse a la piscina", vencer el miedo y desoír las críticas (buenas o malas) antes de terminar nuestra creación para encontrar realmente un camino propio. Es necesario inventar, ya sea para uno mismo, para alguien en particular o para el mundo. Hay que romper la rutina, pues sólo es necesaria una cosa: Creer en crear.

17.4.07

¿No me pasen a llevar?

Tras una semana de mucho trabajo, la aparición de una noticia sobre el esbozo de una regulación de blogs mediante un "código de buena conducta" me hace reflexionar sobre las libertades y el ansia por limitarlas que suele surgir cuando ciertos grupos se sienten "pasados a llevar".
La idea fue lanzada por Tim O'Reilly, fundador del "Web 2.0", junto a Jimmy Wales, creador de la enciclopedia Wikipedia, y surge a partir de unas amenazas de muerte anónimas publicadas en el blog de la autora Kathy Sierra, amiga de O'Reilly.
El código insta, entre otras cosas, a regular (borrar) los comentarios que pueden ser hechos en los blogs y que eventualmente puedan ofender a alguien.
OK, no podemos culpar a nadie por borrar un mensaje telefónico que no le agrade o que incluya amenazas de muerte,
pero por supuesto que no existe una regla que nos obligue a hacerlo y lo de las amenazas de muerte, ya pasa a ser un tema de índole legal o al menos policial (donde curiosamente debe ser mejor no borrar la evidencia).

Y por estos lados del mundo, el grupo "Muévete Chile" (un grupo con tufillo a "El Porvenir de Chile") se declara en contra de la serie animada "Pope Town" (traducida penosamente como Papa Villa en Latinoamérica). Ellos fueron los primeros en protestar contra la empresa VTR por la exhibición de esta serie en Chile anunciando que si no se cancela la emisión y la serie se transmite de todos modos, ellos, consecuentes con su línea de pensamiento, se sentirán autorizados a no pagar la cuenta del servicio.

Papa Villa

Carta enviada a VTR por el grupo

Respuesta de VTR

En el blog de donde provienen estos escritos, creado por el grupo MueveteChile y llamado "¡No me pasen a llevar!", aparece el siguiente texto en uno de los post:
Hola a todos, Gracias por apoyar esta campaña a favor del respeto por nuestras creencias y nuestros valores. No queremos que en nuestro Chile (sic) se ofenda a la Iglesia, al Papa y a las otras religiones.
VTR nos ha enviado una respuesta que es inaceptable: “Nuestra oferta de contenido es la más amplia, diversa y completa de la industria, de modo que nuestros clientes pueden libremente elegir qué quieren ver y cuándo lo quieren ver”. (sic!)
En realidad, VTR ha hecho lo que debía hacer: Poner el programa en horario para adultos, o sea, dejar que cada cliente adulto (o, técnicamente, con criterio formado) escoja tan democráticamente como se lo permita su control remoto.
Por cierto que esto da para comentar mucho, de todos modos siempre la última instancia de elección la tiene el televidente que decide qué cosa ver y qué no. Esta discusión es absolutamente vieja y cabe la frase de rigor: Si no te gusta, cambia de canal; si es tan simple, pero existen personas que o no tienen el humor suficiente para tomar las cosas por lo que son o realmente creen que tienen mayor autoridad que el resto de la gente para saber qué es lo que hay que ver... . Entiendo que haya gente a la que no le guste ver diferentes tipos de programas de muy diversas índoles, pero no acepto que personas intolerantes decidan qué puedo o no ver en TV.

En nomepases... hay una serie de posts como los siguientes:
"Nosotros no estamos por la censura, sino que decimos que tienes la libertad de exhibir lo que quieras hasta donde afecta a otras personas"
"Muchos han enviado sus comentarios evidenciando su molestia ante esta grave situación, al igual que otros que señalan su rechazo a esta iniciativa.
Hemos decidido no publicar dichos comentarios porque la idea de este blog es que sea un lugar donde podamos ponernos de acuerdo para poder trabajar adecuadamente.
Esperando su compresión y tolerancia.
Los saluda atte.
Nomepasenallevar.blogspot.com"
De más está decir lo curioso que parece ahora el nombre Nomepasenallevar, considerando la manera de actuar de este grupo. Incluso, recién el día 20 de abril, apareció un post en donde instan a todas las personas que se adhieran a su causa a cambiar de proveedor de TV Cable en represalia por no suspender la serie... "para darle a estas empresas donde más les duele, en el bolsillo". Yo creo que esto es lo primero que debieron hacer estas personas: Si no son capaces de soportar la diversidad exhibida en horario para personas "con criterio formado", que escojan moderadores de los contenidos que potencialmente puedan ser desagradables para ellos; pero plantear esto como una medida de fuerza para que finalmente se haga lo que ellos quieren me parece absolutamente extemporáneo.



Además, el vicario de la Esperanza Joven, Galo Fernández dijo a Radio Cooperativa sobre la serie: "Realmente aquí siento que se están riendo de mis cosas, que considero hermosas, valiosas, además que no tiene nada que ver con la realidad del Vaticano". Gracias, menos mal por aclararnos esto... Este parece ser el problema real: Hay personas que creen que si la gente ve este programa va a pensar que así es como funciona el Vaticano de verdad, es como una especie de visión "paternalista" del mundo en donde se menosprecia el criterio del resto de la gente... y la verdad es que yo me considero lo suficientemente capaz de poder decidir por mí mismo hacia donde enfocar mis sentidos: Qué ver, qué oír o qué decir; y quiero decir que no acepto que ningún grupo decida esto por mí, pasandome a llevar.

Y como dice mi primo chico, Libre Expresión...

8.4.07

El derecho a no leer en el oficio de librero

Un escritor francés escribe un ensayo llamado "Cómo hablar de libros que no hemos leído" y en el suplemento Cultura de La Tercera, Mauricio Electorat hace una crítica muy interesante donde comenta que existen intelectuales que citan a grandes autores clásicos cuando muy probablemente sólo han oído algunas reseñas sobre sus obras. Pierre Bayard, autor del mencionado ensayo, dice que una persona culta no necesita leer un libro para hablar de él e incluso muchas veces es mejor no haberlo leído (!), pues lo esencial es captar la "idea". El mismo William Sommerset Maugham, autor de un gran libro clásico como lo es "Servidumbre Humana" (que no he leído), comenta en su libro "Diez grandes novelas y sus autores" que: "El lector prudente obtendrá el máximo de placer de su lectura si es capaz de aprender el útil arte de saltarse texto".
El francés se resta, además, de la idea de que exista un canon tácito de libros que deben ser leídos, o más aún: libros que a estas alturas de la vida ya debiesen estar leídos; mientras en la Revista de Libros de El Mercurio se habla de "Cien años de soledad" (que aún no he leído), a propósito de sus 40 años, e invitan a un puñado de intelectuales entre críticos, rectores universitarios y escritores que hablan diciendo "La primera vez que leí Cien años de soledad..." y uno piensa si realmente estos personajes han leído la novela más de una vez, o siquiera una...

Dentro del oficio de librero todas estas reflexiones tienen un valor especial, pues se presenta la pregunta: ¿Acaso hay que leer todos los libros que uno puede recomendar?. Parece ser una tarea imposible, y la verdad es que sí lo es; más aún considerando la versatilidad a la que, creo, uno debe aspirar cuando trabaja en este rubro. Mucho más importante es ser sincero y no tratar de engañar a la gente. Es cierto que muchas personas esperan que uno sí haya leído todos los libros, cosa curiosa considerando el nivel de lectura del chileno medio; pero siempre una respuesta real es bien recibida como signo de confianza.


Una vez un buen cliente me dijo que había visto un capítulo de "Ripley. Aunque Ud. no lo crea" en el que Jack Palance aparecía en medio de una exquisita biblioteca, muy probablemente de una universidad, y decía que si uno tuviese un promedio de lectura de 1 libro a la semana durante toda su vida; no podría a aspirar a leer más que el equivalente a una sola de las estanterías de dicha biblioteca. Este cliente me dijo que tras esta abrumadora noticia llegó a la conclusión de que no se podía perder el tiempo leyendo cosas inútiles. Por supuesto que el concepto de inútil es subjetivo (como todo, claro), pero la esencia del comentario es que la literatura debe ser un viaje que uno debe querer tomar y disfrutar, reír o incluso sufrir con sus propias elecciones.
Hubo un momento en que creí que tenía que decidir si leer de acuerdo a mi interés personal o leer libros para poder venderlos, aunque no fueran de mi gusto; también pensaba que si comenzaba un libro debía terminarlo, aunque no me gustase... Qué tontería, reflexiono ahora que leo libros completos sólo por placer y que he dejado varios libros inconclusos porque no eran lo suficientemente atractivos para mí.
Dentro de la enorme variedad de libros que existen es poco probable que no haya alguno adecuado para cada persona que quiera leer y el librero debe ser capaz de guiar a las personas y ser como Amazon cuando aparece al pie de página: "Las personas que compraron el libro xxxxxx, también compraron....", y para esto evidentemente no necesito haber leído todos los libros existentes. Ojo, que no estoy de acuerdo con la mediocridad: uno está eximido de leer todos los libros, pero es un imperativo informarse adecuadamente.


Odio, además, cuando la literatura es vista a través de un concepto elitista y se menosprecia a quien lee poco o a quien lee libros de Danielle Steel y Barbara Wood. Tal vez cada nuevo libro debiese ser recibido con cierta ingenuidad y sin prejuicios; tal vez asumir que realmente no sé mucho es lo que me acerca a la literatura (que socrático) y hace que disfrute mi trabajo.
Por esto es que exijo mi derecho a no leer, a leer a medias, a "revisar" los libros, a disfrutarlos de principio a fin o a cerrarlos con un marcador dentro que no avanzará mas allá de la página 50.
Exijo mi derecho a ser sólo un lector.

26.3.07

El troncal en la llaga

No vemos el mundo como es, sino que como somos. Siempre he creído en este concepto y creo que es por eso que se generan opiniones tan disímiles y polarizadas, porque la gente suele opinar por lo que vive en el día a día, sin considerar una visión generalizada y esto afecta también a nuestro odiado (y querido) Transantiago.
Es curioso, pero he visto a bastantes personas declarar, incluso ante las cámaras de TV, que no han tenido problemas con el nombrado plan y pasear con rostros de felicidad sobre los buses que a su vez andan sobre las maltratadas calles de nuestra ciudad. OK, está bien ser optimista; pero desconocer que hay gente que ha sido tremendamente perjudicada con toda esta estructura es de un egoísmo que no le hace bien a nadie. Una de mis abuelas, por ejemplo, para ir a su trabajo tomaba una sola micro que la dejaba a dos cuadras y ahora debe tomar 2 y el metro, además de caminar 7 cuadras en total entre combinaciones. Cuando tienes más de 70 años, no funciona que te digan que los santiaguinos sólo se quejan porque no están acostumbrados a caminar; además todo este plan da la impresión de haber sido hecho por personas que en ningún momento consultaron a los reales usuarios del transporte público (o intentaron haber jugado a serlo, al menos) y para muestra algunos botones:
  • No mucha gente recuerda, pero el letrero que indica el recorrido de los buses (cuando recién aparecieron estos buses nuevos) era obligatorio solamente en el costado y no en el frente, donde indica el sentido común. O sea que una vez que la micro se te pasaba podías ver que, efectivamente, esa era la que servía. Esto duró como una semana, pero era un indicador de cómo venían las cosas....
  • Después el problema del paso bajo nivel San Diego-Bandera, resulta que a los genios creadores y "creativos" no se les había ocurrido imaginar a uno de estos buses haciendo un recorrido de verdad y éstos no cabían por el mencionado paso, cosa que se supo una vez que se trató de hacer el intento.
  • Ni mencionar los paraderos, esos que todavía están frescos en nuestras mentes de usuarios del Transantiago, porque hace poco que se llovieron cuando la verdad es que se volvieron a llover... 4 meses después de la primera vez. Da la impresión de que alguien debió hacer su trabajo en ese período y sin embargo, ahí tenemos....
Paraderos sin terminar, calles en pésimo estado (Av. La Paz es un asco), falta de la cantidad de buses necesarios, recorridos mal diseñados.... A ver, a ver, esperen un poco. Todo esto debía estar funcionando antes de implementar el Plan Transantiago (de nuevo el bendito sentido común), entonces ¿Cómo fue que se apuró todo esto?.

Supongo que la respuesta es: La memoria del pueblo.

Claro, la única decisión relativamente acertada fue comenzar a implementar el plan en febrero: el mes donde históricamente hay menos gente en la capital. Haber comenzado con esto a mitad de año hubiese sido mas terrible todavía (si es que aún queda imaginación para tal ejercicio).
Pero no nos engañemos: en este país las decisiones se toman con calculadora, si no se partía ahora sería necesario esperar otro año para la implementación del plan; de tal modo que considerando que tenemos elecciones en 2009, tendríamos sólo un año para mejorar las cosas sobre la marcha. El consejo que se le dió a la presidenta debe haber sido algo como: Sra. Presidenta, si empezamos con esto ahora, cuando lleguen las elecciones todo estará funcionando y la gente ya no recordará lo mal que lo pasó e incluso nos apoyará por haberles entregado una mejor calidad de vida con aire puro y cómodos viajes en nuestros lindos buses.
No hay otra opción, la decisión fue sólo política.

Lo más triste de todo es que tal vez tal consejo esté del todo acertado (salvo por lo de los lindos buses, claro) y eso significaría que se vería justificada la decisión y, por lo tanto, que podría repetirse en otro momento con algún otro cambio importante para la gente.
Es la misma política la que se encarga de mantener todo bajo su control y no entregarle algo de su poder a la gente; no olvidemos que una de las medidas estandarte cuando asumió este "gobierno ciudadano" era la inscripción automática, medida que, de manera irónica, fue automáticamente desechada cuando el gobierno se dió cuenta de que todos esos "pingüinos" votarían y que no se podía predecir cuáles serían sus preferencias.
Es esto lo que hace que la gente se desilusione, no sólo de las personas y los partidos, sino que de toda la clase política. Yo no estoy inscrito en los registros electorales, pero tengo una gran cantidad de gente conocida entre ex-compañeros de trabajo, amigos y familiares que cuando se acercaba la recién pasada elección me decían: "Me voy a inscribir para las presidenciales, ahí sí es importante", pero ¡sorpresa! una vez llegada la hora no se inscribieron.... "Es que no tuve tiempo" fue la casi unísona respuesta de estas personas, que no son pocas. Y no las juzgo, pues yo no me he inscrito porque me doy cuenta que las decisiones que toman los políticos casi siempre tienen que ver con sus intereses de poder, esos intereses que ocultan durante las franjas y durante sus promesas lanzadas al viento por sobre nuestras cabezas. Realmente no tengo certeza de si importa tanto quien esté en el poder (no creo que la derecha lo hubiese hecho mejor) y al parecer los poderes fácticos son los que funcionan.

No vemos el mundo como es, sino que como somos; por lo tanto, debemos ser lo que queremos que nuestro mundo sea o al menos esforzarnos por serlo; así que tal vez yo también me inscriba en las próximas elecciones y diré que ahora sí que es importante. Y seré lo que quiero que mi mundo sea... al menos hasta que sí lo sea.

19.3.07

Nduwayezu, una reflexión sobre la melancolía y el pozo.

Anoche fui a ver la exposición JAAR SCL 2006 de Alfredo Jaar. Último día a última hora. Era algo que de verdad tenía ganas de hacer y, sin embargo, postergué hasta que no hubo remedio.
Jaar llamó mi atención cuando supe que se había atrevido a realizar una obra como "A logo for America", una obra que en el mismo Times Square de Nueva York proyectaba una animación que reivindicaba el uso del nombre de este continente. Asunto que por lo demás siempre me ha causado siempre escozor, los gringos hablando de América...

Sin duda es un artista incisivo, razón de sobra para asistir. La presentación en general fue increible y me gustaron muchas cosas, pero me quiero detener en la obra que más llamó mi atención "El silencio de Nduwayezu".
Jaar creó esta obra al ver la pasividad con que la comunidad internacional recibía las noticias del genocidio de 1994 en Ruanda, donde murieron más de un millón de personas en menos de cien días. Su intención (nunca mejor lograda, según mi apreciación) era pasar de lo macro, del número, de lo que al parecer generaba esa indiferencia; a un tamaño tangible, real. A tamaño humano.
La obra se encuentra dividida en dos partes: Primero, un pasillo en donde se leía un texto iluminado de alrededor de 5 metros que comenzaba hablando sobre lo terrible del genocidio en Ruanda y terminaba contando una parte de la historia de Nduwayezu, un niño de 5 años que presenció el asesinato de sus padres. Un niño que no habló por cuatro semanas. Un niño que fue el único en mirar fijamente a la cámara de Jaar. Después del pasillo accedemos a una sala en donde se encuentran "un millón" de diapositivas.
Todas son idénticas.
Todas son Nduwayezu.
Todas son los ojos de Nduwayezu.
Todas su silencio.

Para mí las obras de arte deben ser capaces de generar algo en sí mismas, no presuponer un conocimiento anterior que sea clave para poder "entender" el arte; y debo decir que el ambiente generado por esta obra logró producir en mí muchas sensaciones, entre ellas una sensación de melancolía.
Melancolía, una sensación que en algún momento creí absolutamente necesaria dentro de nuestra existencia. Ahora no tanto... tal vez en ese momento era el sentimiento que predominaba en mi corazón y para mí lograba ser casi como un motor. Mis acciones llevadas adelante por la melancolía. ¿Sería posible esto? ¿Realmente puede ser? ¿Sabía en realidad qué demonios es la melancolía, o sólo lo intuía?. Buena pregunta.
Lo que suelo hacer en estos casos es recurrir al "Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española". El RAE. Supongo que es una de las ventajas de trabajar en una librería; pues bien, el diccionario decía lo siguiente:

melancolía.
(Del lat. melancholĭa,
y este del gr. μελαγχολα, bilis negra).

  1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.
  2. f. Med. Monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.
  3. f. ant. Bilis negra o atrabilis.

Mmmmmm. Tras mirar la primera entrada me doy cuenta de lo ridículo de pensar en la melancolía como motor, al menos para mí. Imposible. Vamos bien hasta tristeza vaga, tal vez era eso lo que acostumbraba a llamar melancolía. "Profunda y permanente".... No. "Hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada".... supongo que esto sólo puede ser motor de acciones como el suicidio, y en vista de que aquí estoy, desgastando mis ojos frente a la pantalla, creo que siempre estuve equivocado respecto de esta palabra.
Y pensar que uno de mis autores favoritos, de hecho, el que me dió el título de este blog (figurativamente, claro), generalmente es destacado por la melancolía que transmite a través de sus novelas. Novelas tan bien narradas que uno asume esta tristeza vaga como parte de la vida, tanto así que creo que muchos de los párrafos vividos por los protagonistas de sus novelas son míos. Son sobre mí, sobre mi vida. "Lo que no te mata, te fortalece", o al menos eso dicen esgrimiendo al filósofo del superhombre.
Este autor, Haruki Murakami, es un escritor japonés creador de una obra maestra de la literatura contemporánea llamada "Crónica del Pájaro que da cuerda al mundo"



En esa novela, Tooru Okada, el protagonista, entra en un momento a un pozo seco y oscuro con la intención de entrar en otra dimensión. Una dimensión donde puede salvar a una persona importante para él y donde también puede salvarse a sí mismo.
Las novelas de Murakami suelen incorporar conceptos fantásticos, oníricos; que sus protagonistas reciben con normalidad. Este es otro concepto que me identifica dentro de sus libros, tal vez un deseo de que cierta magia o fantasía se exprese en la vida común, algo que se logra al interactuar con algunas personas y que modifican nuestra existencia. Tengo un amigo que dice que todos los días le cambiamos la vida a alguien, a alguna persona que se cruza con nosotros. Supongo que es cierto, por supuesto, en diferentes medidas. A veces sucede que encontramos momentos en que es posible sentir esa magia, en que sabemos que estamos asistiendo a un momento único, que probablemente no se volverá a repetir. Encuentros que cambian nuestras vidas (para bien o para mal), pero en donde es posible percibir la magia.
Por eso estoy aquí, escribiendo dentro del pozo, buscando entrar en esa dimensión en donde pueda salvar a la gente que quiero.
Y salvarme a mí.