26.3.07

El troncal en la llaga

No vemos el mundo como es, sino que como somos. Siempre he creído en este concepto y creo que es por eso que se generan opiniones tan disímiles y polarizadas, porque la gente suele opinar por lo que vive en el día a día, sin considerar una visión generalizada y esto afecta también a nuestro odiado (y querido) Transantiago.
Es curioso, pero he visto a bastantes personas declarar, incluso ante las cámaras de TV, que no han tenido problemas con el nombrado plan y pasear con rostros de felicidad sobre los buses que a su vez andan sobre las maltratadas calles de nuestra ciudad. OK, está bien ser optimista; pero desconocer que hay gente que ha sido tremendamente perjudicada con toda esta estructura es de un egoísmo que no le hace bien a nadie. Una de mis abuelas, por ejemplo, para ir a su trabajo tomaba una sola micro que la dejaba a dos cuadras y ahora debe tomar 2 y el metro, además de caminar 7 cuadras en total entre combinaciones. Cuando tienes más de 70 años, no funciona que te digan que los santiaguinos sólo se quejan porque no están acostumbrados a caminar; además todo este plan da la impresión de haber sido hecho por personas que en ningún momento consultaron a los reales usuarios del transporte público (o intentaron haber jugado a serlo, al menos) y para muestra algunos botones:
  • No mucha gente recuerda, pero el letrero que indica el recorrido de los buses (cuando recién aparecieron estos buses nuevos) era obligatorio solamente en el costado y no en el frente, donde indica el sentido común. O sea que una vez que la micro se te pasaba podías ver que, efectivamente, esa era la que servía. Esto duró como una semana, pero era un indicador de cómo venían las cosas....
  • Después el problema del paso bajo nivel San Diego-Bandera, resulta que a los genios creadores y "creativos" no se les había ocurrido imaginar a uno de estos buses haciendo un recorrido de verdad y éstos no cabían por el mencionado paso, cosa que se supo una vez que se trató de hacer el intento.
  • Ni mencionar los paraderos, esos que todavía están frescos en nuestras mentes de usuarios del Transantiago, porque hace poco que se llovieron cuando la verdad es que se volvieron a llover... 4 meses después de la primera vez. Da la impresión de que alguien debió hacer su trabajo en ese período y sin embargo, ahí tenemos....
Paraderos sin terminar, calles en pésimo estado (Av. La Paz es un asco), falta de la cantidad de buses necesarios, recorridos mal diseñados.... A ver, a ver, esperen un poco. Todo esto debía estar funcionando antes de implementar el Plan Transantiago (de nuevo el bendito sentido común), entonces ¿Cómo fue que se apuró todo esto?.

Supongo que la respuesta es: La memoria del pueblo.

Claro, la única decisión relativamente acertada fue comenzar a implementar el plan en febrero: el mes donde históricamente hay menos gente en la capital. Haber comenzado con esto a mitad de año hubiese sido mas terrible todavía (si es que aún queda imaginación para tal ejercicio).
Pero no nos engañemos: en este país las decisiones se toman con calculadora, si no se partía ahora sería necesario esperar otro año para la implementación del plan; de tal modo que considerando que tenemos elecciones en 2009, tendríamos sólo un año para mejorar las cosas sobre la marcha. El consejo que se le dió a la presidenta debe haber sido algo como: Sra. Presidenta, si empezamos con esto ahora, cuando lleguen las elecciones todo estará funcionando y la gente ya no recordará lo mal que lo pasó e incluso nos apoyará por haberles entregado una mejor calidad de vida con aire puro y cómodos viajes en nuestros lindos buses.
No hay otra opción, la decisión fue sólo política.

Lo más triste de todo es que tal vez tal consejo esté del todo acertado (salvo por lo de los lindos buses, claro) y eso significaría que se vería justificada la decisión y, por lo tanto, que podría repetirse en otro momento con algún otro cambio importante para la gente.
Es la misma política la que se encarga de mantener todo bajo su control y no entregarle algo de su poder a la gente; no olvidemos que una de las medidas estandarte cuando asumió este "gobierno ciudadano" era la inscripción automática, medida que, de manera irónica, fue automáticamente desechada cuando el gobierno se dió cuenta de que todos esos "pingüinos" votarían y que no se podía predecir cuáles serían sus preferencias.
Es esto lo que hace que la gente se desilusione, no sólo de las personas y los partidos, sino que de toda la clase política. Yo no estoy inscrito en los registros electorales, pero tengo una gran cantidad de gente conocida entre ex-compañeros de trabajo, amigos y familiares que cuando se acercaba la recién pasada elección me decían: "Me voy a inscribir para las presidenciales, ahí sí es importante", pero ¡sorpresa! una vez llegada la hora no se inscribieron.... "Es que no tuve tiempo" fue la casi unísona respuesta de estas personas, que no son pocas. Y no las juzgo, pues yo no me he inscrito porque me doy cuenta que las decisiones que toman los políticos casi siempre tienen que ver con sus intereses de poder, esos intereses que ocultan durante las franjas y durante sus promesas lanzadas al viento por sobre nuestras cabezas. Realmente no tengo certeza de si importa tanto quien esté en el poder (no creo que la derecha lo hubiese hecho mejor) y al parecer los poderes fácticos son los que funcionan.

No vemos el mundo como es, sino que como somos; por lo tanto, debemos ser lo que queremos que nuestro mundo sea o al menos esforzarnos por serlo; así que tal vez yo también me inscriba en las próximas elecciones y diré que ahora sí que es importante. Y seré lo que quiero que mi mundo sea... al menos hasta que sí lo sea.

19.3.07

Nduwayezu, una reflexión sobre la melancolía y el pozo.

Anoche fui a ver la exposición JAAR SCL 2006 de Alfredo Jaar. Último día a última hora. Era algo que de verdad tenía ganas de hacer y, sin embargo, postergué hasta que no hubo remedio.
Jaar llamó mi atención cuando supe que se había atrevido a realizar una obra como "A logo for America", una obra que en el mismo Times Square de Nueva York proyectaba una animación que reivindicaba el uso del nombre de este continente. Asunto que por lo demás siempre me ha causado siempre escozor, los gringos hablando de América...

Sin duda es un artista incisivo, razón de sobra para asistir. La presentación en general fue increible y me gustaron muchas cosas, pero me quiero detener en la obra que más llamó mi atención "El silencio de Nduwayezu".
Jaar creó esta obra al ver la pasividad con que la comunidad internacional recibía las noticias del genocidio de 1994 en Ruanda, donde murieron más de un millón de personas en menos de cien días. Su intención (nunca mejor lograda, según mi apreciación) era pasar de lo macro, del número, de lo que al parecer generaba esa indiferencia; a un tamaño tangible, real. A tamaño humano.
La obra se encuentra dividida en dos partes: Primero, un pasillo en donde se leía un texto iluminado de alrededor de 5 metros que comenzaba hablando sobre lo terrible del genocidio en Ruanda y terminaba contando una parte de la historia de Nduwayezu, un niño de 5 años que presenció el asesinato de sus padres. Un niño que no habló por cuatro semanas. Un niño que fue el único en mirar fijamente a la cámara de Jaar. Después del pasillo accedemos a una sala en donde se encuentran "un millón" de diapositivas.
Todas son idénticas.
Todas son Nduwayezu.
Todas son los ojos de Nduwayezu.
Todas su silencio.

Para mí las obras de arte deben ser capaces de generar algo en sí mismas, no presuponer un conocimiento anterior que sea clave para poder "entender" el arte; y debo decir que el ambiente generado por esta obra logró producir en mí muchas sensaciones, entre ellas una sensación de melancolía.
Melancolía, una sensación que en algún momento creí absolutamente necesaria dentro de nuestra existencia. Ahora no tanto... tal vez en ese momento era el sentimiento que predominaba en mi corazón y para mí lograba ser casi como un motor. Mis acciones llevadas adelante por la melancolía. ¿Sería posible esto? ¿Realmente puede ser? ¿Sabía en realidad qué demonios es la melancolía, o sólo lo intuía?. Buena pregunta.
Lo que suelo hacer en estos casos es recurrir al "Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española". El RAE. Supongo que es una de las ventajas de trabajar en una librería; pues bien, el diccionario decía lo siguiente:

melancolía.
(Del lat. melancholĭa,
y este del gr. μελαγχολα, bilis negra).

  1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.
  2. f. Med. Monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.
  3. f. ant. Bilis negra o atrabilis.

Mmmmmm. Tras mirar la primera entrada me doy cuenta de lo ridículo de pensar en la melancolía como motor, al menos para mí. Imposible. Vamos bien hasta tristeza vaga, tal vez era eso lo que acostumbraba a llamar melancolía. "Profunda y permanente".... No. "Hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada".... supongo que esto sólo puede ser motor de acciones como el suicidio, y en vista de que aquí estoy, desgastando mis ojos frente a la pantalla, creo que siempre estuve equivocado respecto de esta palabra.
Y pensar que uno de mis autores favoritos, de hecho, el que me dió el título de este blog (figurativamente, claro), generalmente es destacado por la melancolía que transmite a través de sus novelas. Novelas tan bien narradas que uno asume esta tristeza vaga como parte de la vida, tanto así que creo que muchos de los párrafos vividos por los protagonistas de sus novelas son míos. Son sobre mí, sobre mi vida. "Lo que no te mata, te fortalece", o al menos eso dicen esgrimiendo al filósofo del superhombre.
Este autor, Haruki Murakami, es un escritor japonés creador de una obra maestra de la literatura contemporánea llamada "Crónica del Pájaro que da cuerda al mundo"



En esa novela, Tooru Okada, el protagonista, entra en un momento a un pozo seco y oscuro con la intención de entrar en otra dimensión. Una dimensión donde puede salvar a una persona importante para él y donde también puede salvarse a sí mismo.
Las novelas de Murakami suelen incorporar conceptos fantásticos, oníricos; que sus protagonistas reciben con normalidad. Este es otro concepto que me identifica dentro de sus libros, tal vez un deseo de que cierta magia o fantasía se exprese en la vida común, algo que se logra al interactuar con algunas personas y que modifican nuestra existencia. Tengo un amigo que dice que todos los días le cambiamos la vida a alguien, a alguna persona que se cruza con nosotros. Supongo que es cierto, por supuesto, en diferentes medidas. A veces sucede que encontramos momentos en que es posible sentir esa magia, en que sabemos que estamos asistiendo a un momento único, que probablemente no se volverá a repetir. Encuentros que cambian nuestras vidas (para bien o para mal), pero en donde es posible percibir la magia.
Por eso estoy aquí, escribiendo dentro del pozo, buscando entrar en esa dimensión en donde pueda salvar a la gente que quiero.
Y salvarme a mí.