23.11.07

Alargue su vida, es gratis.

Hace unos meses tuve la posibilidad de viajar a Temuco, linda ciudad; tal vez en algún momento escriba sobre mi experiencia por allá (que principalmente fue por trabajo y que me dejó de vuelta con 4 kilos más en menos de dos semanas), pero en este momento me detendré en este artículo aparecido en el Diario Austral que llamó bastante mi atención. Dicho artículo comenta sobre el libro "Haciendo Tiempo" de Steve Taylor, quien dice que el tiempo real depende de cómo lo experimentemos y pone como ejemplo el hecho de que en ocasiones el día de un niño, desde las 9 hasta las 15.30, es como un día de 20 horas para un adulto, explicándolo de la siguiente manera: "Los niños experimentan todo por primera vez, todas sus experiencias son nuevas. (...) Están increíblemente despiertos ante el mundo que los rodea y por eso el tiempo pasa más despacio para ellos".

Hasta aquí vamos bien, parece ser claro que el tiempo es percibido según cómo lo experimentemos; pero investigando más en la red sobre el tema encontré la siguiente frase del libro: "asegúrese de que su vida está repleta de todas las experiencias nuevas que sea posible. Si vive una vida rutinaria, el tiempo siempre se acelerará, pero si hace el esfuerzo de viajar a nuevos lugares, de exponerse a nuevas situaciones, a nuevos retos, el grado de novedad desacelerará el tiempo", a pesar de esto Taylor dice que la información que "estira el tiempo" es la recibida a través de nuestra percepción del mundo y no la que proviene de libros o internet.

Humildemente, creo que el científico se equivoca: cuando uno viaja a algún lugar agradable el tiempo nunca es suficiente; en cambio, cuando vamos a algún lugar inconfortable (o incluso en momentos de la rutina de nuestros propios días), el tiempo parece no pasar lo suficientemente rápido... Es extraño que Taylor hable sólo de la información que se recopila en las experiencias nuevas y no se mencione la diversión como un factor importante; pues como reza la frase: "El tiempo vuela cuando uno se divierte" y creo que eso es lo más relevante, de hecho dicen que el buen humor cura hasta las enfermedades. Además, en defensa de los libros, debo decir que he leído varios libros que han cambiado mi percepción del mundo y que han sido realmente experiencias nuevas... Curiosamente, al día siguiente de haber leído el artículo del Diario Austral, me encuentro con esta columna de Alberto Fuguet en la Revista de Libros de El Mercurio en donde dice lo siguiente de las personas que no leen: "¿Son tarados? No. Incultos, tampoco. Simplemente se están perdiendo algo y, lo que es un poco triste, la vida se les acorta" y remata con la siguiente frase: "cuando no tienes tiempo, la única manera de recuperarlo, de alargar el día, es justamente leyendo".

De todos modos sí estoy muy de acuerdo en la importancia de salir de la rutina y en ocasiones, poder lograrlo es más fácil de lo que uno cree. Basta con darse cuenta de que muchas veces pasamos por lugares a los que no les damos importancia y, aunque suene cliché, el ejercicio de "mirar la ciudad con los ojos de un turista" permite encontrarse sorpresas realizando pequeñas acciones como bajarse en estaciones del Metro sólo para observar el arte en ellas, mirar (y admirar) muchos edificios del centro de Santiago con sólo levantar la cabeza o ir a pasear al cerro San Cristóbal o al Santa Lucía (Sólo un dato para los paseantes incautos: El cerro Santa Lucía cierra la salida hacia calle Huérfanos entre las 14:00 y las 15:00 hrs.).

Si quiere extender su tiempo insista en ser una persona alegre. Escoja su método: Salga de la rutina, lea algo o simplemente ríase; pero alargue su vida.... es gratis.