24.9.08

Ceci n'est pas l'amour

René Magritte, famoso pintor belga, creó una obra de arte llamada La traición de las imágenes en donde aparece el dibujo de una pipa con la siguiente frase debajo: "Ceci n'est pas une pipe" (Esto no es una pipa).


Esta frase, que a priori puede parecer desconcertante, aparece muy bien explicada en este artículo en donde se comenta la intención de Magritte: mostrar que ni las palabras ni las imágenes pueden reflejar al objeto real. Si esto es así, y no podemos sino representar vagamente las cosas mencionandolas, entonces ¿qué nos queda para los sentimientos? ¿cómo podemos referirnos a ellos? ¿Es posible que en cada momento exista una única palabra que pueda representar lo que sentimos?

En la monumental novela Middlesex, de Jeffrey Eugenides, el (¿la?) protagonista tiene la siguiente reflexión: “Según mi experiencia, las emociones no pueden describirse con una sola palabra. “Tristeza”, “alegría”, “remordimiento”, esos términos no me dicen nada. La mejor prueba de que el lenguaje es patriarcal es que simplifica demasiado los sentimientos. Me gustaría tener a mi disposición emociones híbridas, complejas, construcciones germánicas encadenadas, como la “felicidad presente en la desgracia”. O esta otra: “la decepción de acostarse con las propias fantasías”. Me gustaría mostrar la relación entre “el presentimiento de la muerte suscitada por los ancianos de la familia”. Me gustaría hablar de “la tristeza inspirada por los restaurantes malogrados”, así como de “la emoción de conseguir un minibar”. Nunca he encontrado palabras adecuadas para describir mi propia vida, y ahora que ya he entrado en mi historia es cuando más las necesito. Ya no me puedo quedar sentado a ver lo que pasa. A partir de ahora, todo lo que cuente estará teñido de la experiencia subjetiva de formar parte de los acontecimientos…”.

Yo pienso del mismo modo, creo que a veces no podemos expresar lo que sentimos mediante un solo concepto; sin embargo, parece ser que hay sentimientos más fáciles de definir que otros, por ejemplo, me da la impresión de que podemos estar todos más o menos de acuerdo en lo que es el odio, pero no es así respecto del amor.

Recuerdo haber leído una columna en una revista en que el autor hacía una reflexión muy interesante entre la diferencia de los conceptos amor y love y de cómo éstos se reflejan en las palabras, haciendo notar que en nuestro idioma la palabra amor pareciera tener un uso restringido en muchas ocasiones: Decir "Te amo" es todo un paso en una relación, es como si hubiese un límite hasta el cual se dice "te quiero" y a partir del que se dice "te amo" con lo que se hace una distinción inmediatamente a partir del lenguaje. En cambio en el idioma inglés la frase "I love you" se puede interpretar como "te quiero" o "te amo" dependiendo del contexto o de lo que uno sienta, con lo que la frase se acerca más al sentimiento real y subjetivo.

De todos modos, me parece que el lenguaje nos limita para expresar los sentimientos; tengo un amigo que dice que "los amigos son de gestos" y yo creo que algo de eso hay, porque no siempre somos lo que decimos, pero sí somos lo que hacemos, y en el caso del amor sabemos que los gestos cariñosos y apasionados son los más claros para demostrarlo; sin embargo, la frase cliché reza: "quien te quiere te aporrea" o peor: "el amor duele" (otra que ha aparecido a propósito de los femicidios: "la maté porque la quería"). Entonces, ¿de qué estamos hablando?.

En el libro ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? de Raymond Carver, el cuento que le da el nombre al libro nos muestra dos parejas que conversan acerca de lo que significa el amor para ellos. Una de las protagonistas, Terri, recuerda que su pareja anterior la maltrataba: le decía "te quiero, te quiero zorra" mientras la arrastraba tomada de los tobillos al tiempo que su cabeza chocaba con el mobiliario; sin embargo, ella estaba convencida de que eso era amor. Mel, su actual pareja, está en absoluto desacuerdo, lo que los lleva a discutir bastante y nos lleva a preguntarnos si es posible que dos personas que, al parecer, entienden el amor de maneras tan distintas pueden estar juntas. Por otro lado, Nick y Laura, la otra pareja, sólo se dedica a hacer algunas acotaciones y pequeñas intervenciones respecto del tema, pero Carver nos muestra lo mucho que se aman a través de pequeños detalles y gestos mutuos.

Me parece que es demasiado difícil ponerse de acuerdo respecto de qué es amor para cada uno, pero Werther nos dice: "Lo que yo sé, cualquiera lo puede saber; pero mi corazón lo tengo yo solo", haciendo que el mero intento por definir el amor parezca absurdo.

Al final de esta divagación me quedan pocas certezas, pero la más importante se produce en el momento en que Catalina me dice: "Te amo, papá". Es un cuadro que para mí puede llevar perfectamente la leyenda: "C'est l'amour".

Link: Cuento de Raymond Carver. Este enlace es una comparación entre el texto original del cuento ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, que originalmente se iba a llamar Beginners (Principiantes), y la versión final. No encontré en la web el cuento solo, sorry.

10.9.08

Criminales

Mientras espero el estreno de las adaptaciones cinematográficas de las novelas: La carretera de Cormac McCarthy y Asfixia de Chuck Palahniuk y gracias al gentil auspicio de Editorial Planeta, anoche fui a ver la pelicula “Los Crímenes de Oxford”, basada en la novela “Crímenes Imperceptibles” de Guillermo Martínez. La película en realidad no me pareció muy buena (como siempre el libro, que no he leído, debe ser mejor); sin embargo, y tal vez porque estoy un poco agripado, al terminar de ver la película tuve una ocurrencia: Hace poco estuve conversando con uno de mis cuñados sobre la teoría de los seis grados de separación, esta teoría postula que es posible relacionar a cualquier persona del planeta con otra mediante una cadena que no contenga más de 5 intermediarios.

A pesar de que esta teoría sólo se mantiene en el ámbito teórico y para algunos es casi una especie de leyenda urbana, se han llevado a cabo algunos experimentos de los cuales uno de los más conocidos es el Oráculo Bacon, que partió como un juego en donde había que relacionar a Kevin Bacon y un actor cualquiera mediante la menor cantidad de películas. Posteriormente, la Universidad de Virginia creó un sistema automatizado de este juego (utilizando la base de datos de IMDB) en donde podemos ver, por ejemplo, cuantos grados de separación (en películas) hay entre Kevin Bacon y Marcela Osorio.

En un post anterior escribí que creo que todos los días le cambiamos la vida a alguien, no necesariamente de una manera radical, pero sí en muchas ocasiones e inconscientemente participamos de las decisiones que otros toman. Si mezclamos la idea del efecto mariposa (dentro de un sistema complejo como nuestro día a día, pequeñas variaciones pueden hacer una gran diferencia) con la teoría de los seis grados los resultados pueden ser sorprendentes: De modo que si nuestros actos afectan nuestro entorno, sus consecuencias pueden ser tanto buenas como malas y, por lo tanto, es posible que sin quererlo (y sin ser siquiera conscientes de ello) hayamos sido culpables o cómplices de todo tipo de crímenes.

¿Cuántos crímenes imperceptibles hemos cometido ya, sólo por ser quienes somos? ¿Habrá alguna muerte implicada en nuestro círculo de influencias? ¿Seríamos realmente culpables de ser así?

PD: En realidad no soy tan grave, y no me tomo muy en serio (menos cuando escribo a la rápida y agripado).