16.2.09

Nada nuevo bajo el sol

Tal vez debí haber oído de él antes, pero la verdad es que no lo recuerdo. Al momento de leer esta noticia a comienzos de febrero, de inmediato llamó mi atención y no solamente por la vida del personaje en cuestión, sino que además reflexioné sobre la mía. Y es que la vida de Henry Molaison, quien falleció a fines del año recién pasado y antes de esto era conocido sólo como el paciente H.M., fue bastante extraña.

A partir de los 27 años, edad en se le realizara una operación experimental para inhibir su epilepsia, sufrió de amnesia anterógrada, esa enfermedad en que los sujetos prácticamente no son capaces de registrar los eventos del presente. En el caso de Henry, éste apenas podía retener sus recuerdos en la cabeza durante algo más de 20 segundos, razón por la que participó durante casi 50 años en investigaciones y estudios, no por nada su cerebro es considerado el "más estudiado" en la historia de la medicina. De hecho, antes de él no se sabía que la memoria se podía localizar en lugares específicos del cerebro.

Pero volviendo a la noticia, ésta dice que "su vida será llevada al cine" (sea lo que sea que signifique esta frase cliché). Sin embargo, el cine ya ha mostrado a sujetos con esta condición de maneras bastante variadas. Personajes como Leonard en Memento, Dory en Buscando a Nemo y como-sea-que-se-llame-el-personaje-de-Drew-Barrymore en 50 primeras citas son algunos que recuerdo, y además han tenido diferentes finales: bueno (recuperandose), malo (sin tener ninguna certeza) y mas o menos (teniendo gente cerca que cada día le esté recordando su vida).

De todos modos, no parece importar qué tan curiosa sea la vida de alguien: siempre existe la vida que se encuentra en las antípodas. En la película El Protegido, el personaje de Samuel L. Jackson tenía como idea principal el hecho de encontrar a la persona que constituía su opuesto. Pues bien, personas como Henry Molaison, que son incapaces de recordar cualquier cosa nueva, tienen su opuesto en una señora, que para efectos técnicos es conocida como AJ, y de la que se dice en este artículo de National Geographic sobre la memoria que "recuerda casi todos los días de su vida desde que tenía 11 años" y que "quizá ella posea la mejor memoria del mundo". Incluso en el reportaje del link se dice que los científicos que la han estudiado durante más de siete años "tuvieron que acuñar un nuevo término médico para englobar y describir sus características" (síndrome hipertiméstico, Wow).

Pero me desvié de lo central, pues al comienzo de esta entrada escribí que todo esto me hizo reflexionar sobre mi vida y fue porque realmente me asombra que sea posible que exista una vida que esté limitada hasta un punto determinado. Me parece que quienes estamos en una situación "normal" respecto de la capacidad de nuestra memoria, en ocasiones caemos en algunos de los vicios de tener la habilidad de recordar cosas como "llorar sobre la leche derramada", sin valorar realmente las posibilidades que nos da la experiencia, sobre todo porque creo firmemente en que las personas cambian (o al menos son capaces de hacerlo) mediante ella.

Recuerdo un párrafo de La insoportable levedad del ser de Milan Kundera que dice lo siguiente: "El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro". Es triste pensar que según esta idea la vida de Henry, al menos para él mismo, ya es un cuadro terminado, pues él no es capaz de modificar el boceto de su mente mediante nuevas vivencias. Él perdió la posibilidad de cambiar.

Esto nos habla de la importancia de nuestro presente y de darse cuenta de lo indispensable que es no quedar lamentandonos de nuestros malos recuerdos y hacer que nuestro pasado no nos condene, sino que sea una fuente de crecimiento. De hacer como dice uno de mis temas favoritos de Los Bunkers, Nada nuevo bajo el sol: "Lo intento todo para ser mejor de lo que fui. De lo que fui hasta ayer".

De cambiar para mejorar nuestro boceto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

JOPIA dice:

Ignoraba por completo los casos de H.M y de AJ. Los encuentro increíbles. Y es que, claro, en el mundo de la ficción uno ha sabido de estas exageraciones de la memoria (como Funes, de Borges) y de la mala memoria (como todos los que ya nombraste), pero otra cosa es saber que, de verdad, existen personas así; aunque sólo sean dos y, en realidad, aunque sólo sea una, porque el otro ya murió.
Estoy, más o menos, de acuerdo en todo lo que dices, sin embargo, en la cita de Kundera hay un par de cosas con las que no concuerdo. El tipo éste, Milan, ocupa como analogías de la experiencia vital una obra teatral y un cuadro. Ocupa el arte. Y dice que la obra de arte que es la vida del hombre es imperfecta por estar hecha a la primera. Incluso, se pregunta "(...)qué valor puede tener la vida(...)". Pues bien, esto se opone completamente a lo que planteas tú con respecto a que el hombre es perfectible y que, para este fin, la memoria es un recurso insoslayable. En lo que el ve un "boceto de nada" tú ves un error que, valiéndose de la memoria y de otras cuantas cosas más, puede llegar a convertirse en un acierto. Ok. Pero, también cabe preguntarse si es que, acaso, la vida de un hombre debe contener los conceptos de una ética y una moral que lo muevan a "ser mejor" cada día. Cabe preguntarse si es que la obra de arte que es la vida de un hombre sólo estaría acabada si es que éste hombre se ha "desarrollado como persona". ¿No son la imperfección y, muchas veces también, la mediocridad elementos de la condición humana?¿No son, por ejemplo, los cuentos de Carver reflejos de estas vidas más que de vidas de superación?¿O el fin moral de los cuentos de Carver es convertirse en "Cuentos con alma"? Lo que trato de decir es que el yerro, aunque no se corrija, es el karma del hombre y lo define, en gran medida. Algunos mejorarán y otros se hundirán, pero esto es contingencial y la única diferencia es que los primeros puede que lleguen a ser más felices que los segundos, y establecer la felicidad como meta común del ser humano tampoco es muy sano.
Hace algunos siglos, el adjetivo "infalible" estaba limitado a aplicarlo sólo a Dios. Era como decir Todopoderoso, hoy. Y, aunque lo más probable sea que dios no existe, por esto mismo sería un acierto volver a darle la exclusividad de lo infalible: por la inexistencia que, quizá, comparten.
Nos vemos, literal compadre.

p.d: Lo mando como anónimo porque no me reconoce la contraseña, no sé qué onda. A lo mejor tiene que ver con que ahora sea blogero de tu blog, no cacho.

Ariel dijo...

El párrafo que escogí por cierto que es parcial y tal vez está algo descontextualizado, pero de todos modos mi intención no era presentarlo a modo de aforismo, pues está claro que lleva la alegoría planteada hasta la exageración, dado que es sólo la reflexión de un ser humano en un momento puntual.

Igual lo recordé y lo puse porque creo que Kundera se refiere, a través del personaje, a la incomodidad que genera el hecho de vivir "en tiempo real" y a pesar de que esto puede parecer muy obvio, el darse cuenta de que tenemos la capacidad de ser quienes timoneamos nuestra propia ruta me hace pensar en la importancia de tener un objetivo (bueno, malo o qué sé yo), un norte en nuestra brújula.

Estoy completamente de acuerdo en que el intentar "ser mejor" no ha de ser, necesariamente, el objetivo de cada ser humano. Sin embargo, yo lo mencionaba porque me parece que es el camino correcto, me parece que es lo más normal que las personas quieran alcanzar la felicidad (o al menos alcanzar cierta satisfacción), y al hablar de "normal" me refiero a lo que es más común (o estadísticamente más representativo). Aún en el caso de que alguna persona que, por ejemplo, establezca la melancolía como meta, probablemente es porque le genera una autocompasión que de algún modo le causa satisfacción.

Estoy de acuerdo en que la mediocridad forma parte de la vida humana del mismo modo en que podemos decir, como hemos conversado con anterioridad, que existe una parte de maldad inherente al hombre. Pero tampoco podemos decir que estas actitudes sean modelos a seguir, por mucho que se repitan en distintas personas. Los mediocres ni siquiera tienen una finalidad por la que se esfuercen y los malvados seguramente serán tratados como enfermos por la sociedad (aunque quién sabe qué pasaría en gringolandia).

Al menos en lo personal, me inclino por la idea de "ser mejor".

Ya, me cansé. Asi que dejaré el resto para cuando nos veamos o para otro escrito.

Un abrazo, compadre.